2004
Sinopsis
Miriam Blaylock atraviesa los siglos con una mezcla hipnótica de sofisticación, deseo y crueldad. A su lado vive John, su amante y cómplice, convencido de que el vínculo con ella le garantiza la eternidad. Pero la promesa tiene una grieta devastadora: quienes reciben su don conservan la conciencia, no la juventud. Cuando John comienza a envejecer de forma súbita y monstruosa, el espejismo del amor eterno se transforma en una cuenta atrás insoportable.
Desesperado, John acude a Sarah Roberts, una médica especializada en envejecimiento celular. Sarah observa un caso imposible desde la lógica científica, sin saber que se está acercando a un universo gobernado por impulsos mucho más antiguos que cualquier explicación racional. La fascinación de Miriam por la doctora no tarda en convertirse en deseo, y esa atracción abre un triángulo marcado por la seducción, la dependencia y el miedo a la muerte.
Entre apartamentos de lujo, clubes nocturnos y una puesta en escena de elegancia funeraria, la película convierte el vampirismo en una metáfora del desgaste afectivo, del egoísmo y del terror a ser reemplazado. El relato avanza como una pesadilla sensual en la que el cuerpo y el tiempo se convierten en enemigos íntimos. Más que buscar sobresaltos, la historia se desliza hacia una atmósfera enfermiza y romántica, donde cada gesto tiene algo de caricia y de condena.
Fuente: Redacción
Ficha técnica
Compositor
- Michel Rubini
- Denny Jaeger
Director
- Tony Scott
Director de fotografía
- Stephen Goldblatt
Guionista
- Ivan Davis
- Michael Thomas
Montador
- Pamela Power
Productor
- Richard Shepherd
Reparto
- Catherine Deneuve como Miriam Blaylock
- David Bowie como John Blaylock
- Susan Sarandon como Sarah Roberts
- Cliff De Young como Tom Haver
- Dan Hedaya como Lt. Allegrezza
- Beth Ehlers como Alice Cavender
Crítica
El deseo como enfermedad elegante
El ansia es una de esas películas que, vistas hoy, se entienden mejor como una experiencia sensorial y emocional que como un relato de mecanismos perfectos. Tony Scott debutó en el largometraje con una obra que no se parece a casi nada del cine comercial de terror de comienzos de los ochenta. En lugar de apostar por la literalidad del monstruo, construyó una fantasía glacial y sofisticada sobre el deseo, la decadencia y la crueldad del tiempo.
La gran virtud de la película está en su estilo. Scott filma como si cada escena fuera una sesión fotográfica a punto de corromperse. Los espacios tienen una belleza enfermiza, los cuerpos parecen esculturas a punto de agrietarse y la luz envuelve a los personajes con una mezcla de lujo y amenaza. Esa apuesta estética, que en su estreno dividió a muchos espectadores, es precisamente lo que ha convertido a la película en un título de culto: pocas cintas de vampiros han entendido tan bien que la atracción puede ser tan inquietante como la sangre.
Catherine Deneuve domina la función con una autoridad serena. Su Miriam no necesita grandes alardes para resultar imponente; basta con la forma en que mira, se mueve o se acerca a los demás. David Bowie, en un papel breve pero decisivo, introduce una tristeza física estremecedora: su deterioro convierte la idea de la inmortalidad en una trampa moral. Susan Sarandon, por su parte, aporta inteligencia, curiosidad y vulnerabilidad, y sostiene la deriva romántica del argumento sin perder anclaje humano.
Es cierto que el guion no siempre acompaña con la misma fuerza a las imágenes. Hay transiciones abruptas, zonas del conflicto que quedan más sugeridas que desarrolladas y una sensación de que la película está más interesada en el hechizo de cada escena que en la progresión dramática clásica. Pero incluso esa fragilidad narrativa juega a favor de su personalidad. El ansia avanza como una fiebre: a ráfagas, por impulsos, por asociaciones visuales y emocionales.
También resulta clave su dimensión musical y cultural. La apertura con Bauhaus no es un simple guiño estético, sino una declaración de intenciones que enlaza el film con la sensibilidad gótica que marcaría buena parte de su legado. La película entiende el vampirismo como un lenguaje del cuerpo, de la moda y de la identidad, y por eso sigue siendo moderna en cuestiones de representación del deseo, ambigüedad sexual y poder.
No es una obra redonda en términos convencionales, pero sí una película singular, sensual y profundamente memorable. Donde otras propuestas del género buscan reglas, mitología o sustos, El ansia apuesta por la fascinación y el desasosiego. Su fuerza no nace de lo que explica, sino de lo que sugiere. Y en esa combinación de erotismo, tristeza y belleza en descomposición encuentra una voz propia que aún hoy conserva un hechizo muy difícil de imitar.
Fuente: Redacción
Libro en el que se basa
- The Hunger · Whitley Strieber · Adaptación de
Premios y nominaciones
- Saturn Awards (1984) · Best Costume · Nominado · Nominación para Milena Canonero por el vestuario.
- Saturn Awards (1984) · Best Make-up · Nominado · Nominación para Dick Smith y Carl Fullerton por maquillaje.
Preguntas frecuentes
¿En qué novela se basa El ansia?
La película adapta libremente la novela The Hunger de Whitley Strieber, publicada en 1981. El film conserva la idea central del vampirismo y la obsesión por la juventud, pero modifica varios elementos del desarrollo y del desenlace.
¿Por qué El ansia es una película de culto dentro del cine vampírico?
Porque combina terror, erotismo y estética gótica con una puesta en escena muy estilizada. Su fotografía, su música y la presencia de Catherine Deneuve, David Bowie y Susan Sarandon la han convertido en un título muy influyente dentro del imaginario vampírico moderno.
¿Qué canción suena al comienzo de El ansia?
La apertura está marcada por Bela Lugosi''s Dead de Bauhaus, una elección decisiva para asociar la película con la cultura gótica de los años ochenta. Esa secuencia inicial es una de las más recordadas del film.
¿Tuvo premios o nominaciones importantes?
Sí. El ansia obtuvo dos nominaciones a los Saturn Awards, en las categorías de vestuario y maquillaje. Aunque no fue un gran éxito de premios, esas menciones reflejan el reconocimiento a su poderosa dimensión visual.
