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El color de la ambición (1991)

Título original: True Colors · Estados Unidos · 111 min

  • Drama
  • Político
DirecciónHerbert Ross
Estreno15/03/1991
Reparto principalJohn Cusack, James Spader, Imogen Stubbs, Mandy Patinkin
Puntuación crítica6.7

Sinopsis

El color de la ambición narra la evolución de dos amigos, Peter Burton y Tim Garrity, desde sus años universitarios hasta el momento en que la carrera política de uno de ellos amenaza con destruir todo lo que compartían.

La película se articula como un drama sobre la cercanía entre idealismo y oportunismo. Al principio, ambos parecen complementarse: uno es brillante, disciplinado y prometedor; el otro, carismático, intuitivo y dispuesto a moverse en zonas más ambiguas. Sin embargo, conforme el poder entra en juego, esa diferencia de carácter deja de ser un equilibrio y se convierte en una fractura.

Herbert Ross construye el relato en torno a la idea de que la ambición política rara vez avanza sin costes personales. Lo que empieza como historia de amistad deriva en un examen del cálculo, la manipulación y la facilidad con la que los principios pueden ceder cuando hay prestigio, dinero o futuro institucional en juego. El conflicto no se limita al terreno público: alcanza también a las relaciones sentimentales, los pactos tácitos y la imagen que cada personaje tiene de sí mismo.

Con un tono sobrio y una estructura de ascenso y caída, la película observa cómo el poder distorsiona los afectos y convierte la amistad en campo de batalla, dejando al descubierto lo que cada uno estaba dispuesto a sacrificar desde el principio.

Fuente: Redacción

Ficha técnica

Compositor

  • Trevor Jones

Director

  • Herbert Ross

Director de fotografía

  • Dante Spinotti

Guionista

  • Kevin Wade

Montador

  • Robert M. Reitano
  • Stephen A. Rotter

Productor

  • Herbert Ross
  • Laurence Mark

Reparto

  • John Cusack como Peter Burton · Actor
  • James Spader como Tim Garrity · Actor
  • Imogen Stubbs como Diana Stiles · Actriz
  • Mandy Patinkin como John Palmeri · Actor
  • Richard Widmark como Senator Stiles · Actor
  • Paul Guilfoyle como Morton · Actor

Crítica

Una amistad devorada por el poder

El color de la ambición es una de esas películas que parecen más pequeñas de lo que en realidad son. A primera vista podría tomarse por un drama político convencional de ascenso y traición, pero su interés está en otro sitio: en la manera en que observa la amistad como un espacio contaminable por el poder. Herbert Ross construye un relato en apariencia clásico, muy apoyado en los actores y en los diálogos, y encuentra ahí su principal fuerza. No necesita grandes artificios para contar cómo la cercanía entre dos hombres puede degradarse cuando la ambición deja de ser una pulsión íntima y se convierte en método. La película funciona, sobre todo, por el contraste entre John Cusack y James Spader. Cusack aporta a Peter Burton una mezcla de corrección, idealismo y vulnerabilidad moral. Spader, en cambio, explota muy bien su frialdad magnética para componer a Tim Garrity como un hombre encantador, inteligente y profundamente instrumental. No se trata de una oposición simple entre bueno y malo. Lo más interesante es que ambos personajes comparten un deseo de éxito, pero lo gestionan de forma distinta. Uno todavía cree que hay límites. El otro ya ha entendido que, en ciertos ambientes, los límites son un obstáculo para quien quiere llegar más lejos. El guion de Kevin Wade sabe convertir esa diferencia en progresión dramática. La película no se precipita. Va dejando que los pequeños desplazamientos éticos acumulen peso. Una concesión aquí, una mentira útil allá, una traición racionalizada más adelante. Cuando el conflicto estalla, lo hace con la fuerza de algo que llevaba tiempo incubándose. Esa es una virtud importante. El film comprende que la corrupción personal rara vez aparece como una ruptura súbita; suele presentarse como una sucesión de decisiones aceptables en apariencia. Herbert Ross dirige con eficacia y sin exhibicionismo. Hay una contención casi seca en la puesta en escena que beneficia al material. La fotografía de Dante Spinotti aporta una elegancia sobria, mientras que la música de Trevor Jones subraya la tensión sin convertirla en melodrama. Todo está pensado para que la atención recaiga en el deterioro de la confianza y en la lógica del poder como máquina de selección moral. Es verdad que la película no siempre alcanza la intensidad que promete. Algunos personajes secundarios están menos desarrollados de lo deseable y ciertos momentos podrían haber profundizado más en el contexto político concreto. Pero incluso en sus limitaciones conserva un interés genuino. Ross no se conforma con mostrar intrigas; quiere hablar de la forma en que el éxito público reordena la intimidad y reescribe las lealtades privadas. Vista hoy, El color de la ambición tiene un atractivo adicional. Su retrato del pragmatismo político, de la imagen como capital y de la amistad usada como recurso parece anticipar debates posteriores sobre liderazgo y ética pública. No es una gran superproducción ni un clásico incontestable, pero sí un drama adulto, serio y bastante incómodo. Su mayor logro está en la amargura que deja. No tanto porque uno de los personajes traicione al otro, sino porque la película sugiere que esa traición quizá estaba inscrita desde el principio en la manera en que ambos entendían el éxito. Ahí reside su dureza y también su lucidez.

Fuente: Redacción

Preguntas frecuentes

¿De qué trata El color de la ambición?

La película sigue a dos amigos cuya trayectoria política y personal acaba tensándose hasta convertir la ambición en una amenaza para su amistad.

¿Quiénes protagonizan El color de la ambición?

Los protagonistas son John Cusack y James Spader, acompañados por Imogen Stubbs, Mandy Patinkin y Richard Widmark.

¿Qué tipo de película es El color de la ambición?

Es un drama político con fuerte componente moral, centrado en la relación entre amistad, carrera pública, oportunismo y lealtad.

¿Por qué destaca la pareja John Cusack-James Spader en esta película?

Porque el film se sostiene en el contraste entre dos formas de entender el éxito: una más ética y otra claramente oportunista. Ese choque da toda su fuerza al relato.

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