1991
Sinopsis
Tony Montana llega a Estados Unidos con la violencia pegada al cuerpo y una idea fija del éxito. Exiliado cubano durante el éxodo del Mariel, desembarca en un Miami convulso donde la promesa del sueño americano aparece mezclada con cocaína, corrupción y dinero rápido. Desde el principio entiende que la ciudad recompensa la ferocidad más que la paciencia.
Su ascenso comienza en los márgenes, entre trabajos sucios y alianzas de conveniencia, pero pronto demuestra que su ambición no tolera jerarquías. Tony quiere algo más que sobrevivir: desea ocupar la cima, exhibir poder y comprar una versión monumental de sí mismo. En ese trayecto rompe lealtades, convierte la amistad en instrumento y confunde el deseo con la posesión.
La relación con Manny, con su hermana Gina y con Elvira expone los límites íntimos de un personaje incapaz de construir algo que no se base en la dominación. Cada conquista amplía su imperio y, al mismo tiempo, estrecha su margen de humanidad. La mansión, el lujo y la acumulación se convierten en símbolos de una grandeza hueca, sostenida por la paranoia y el miedo.
La película convierte esa trayectoria en una tragedia del exceso. No solo retrata la lógica del crimen organizado, sino una forma de masculinidad que devora todo lo que toca. Miami aparece como un escenario abrasador donde la codicia se exhibe sin disfraz y donde el triunfo siempre incluye, desde el origen, la semilla de la destrucción.
Fuente: Redacción
Ficha técnica
Compositor
- Giorgio Moroder
Director
- Brian De Palma
Director de fotografía
- John A. Alonzo
Guionista
- Oliver Stone · Screenplay
Montador
- Jerry Greenberg
- David Ray · Codirector de montaje
Productor
- Martin Bregman
Reparto
- Al Pacino como Tony Montana
- Michelle Pfeiffer como Elvira Hancock
- Steven Bauer como Manolo "Manny" Ribera
- Robert Loggia como Frank Lopez
- Mary Elizabeth Mastrantonio como Gina Montana
Crítica
Épica del exceso, tragedia de la codicia
El precio del poder sigue siendo una de las películas más desmesuradas y memorables del cine criminal estadounidense. Su grandeza nace precisamente de esa voluntad de no moderarse: Brian De Palma filma el ascenso de Tony Montana como si cada escena tuviera que empujar un poco más allá el volumen, la violencia, la vulgaridad y la ambición. Lo que podría haber sido una simple crónica gangsteril se convierte en una ópera feroz sobre el deseo de poseerlo todo. Al Pacino construye a Tony desde la exageración controlada. Su interpretación es enorme, ostentosa y casi teatral, pero nunca arbitraria. Cada estallido de rabia, cada mirada de recelo y cada gesto de arrogancia forman parte de un personaje que entiende el poder como una extensión del instinto. Tony no piensa el mundo en términos de convivencia, sino de conquista. Esa lógica es la que da a la película su impulso trágico: cuanto más gana, más se encierra dentro de su propia brutalidad. Oliver Stone escribe un relato de ascenso y caída que no pretende moralizar desde la distancia. La película muestra el magnetismo del dinero, del lujo y del dominio, pero al mismo tiempo revela su coste moral y emocional. No hay romanticismo real en ese universo. Lo que hay es fascinación visual por el exceso y una claridad bastante cruda sobre el deterioro que produce. El relato no humaniza a Tony para volverlo aceptable; lo vuelve comprensible sin absolverlo. La puesta en escena de De Palma es decisiva. La cámara, los decorados, los colores y la música de Giorgio Moroder levantan un imaginario donde el mal gusto se vuelve estilo y donde el artificio sirve como retrato cultural. Todo parece demasiado brillante, demasiado ruidoso y demasiado grande, exactamente como la fantasía de éxito que persigue su protagonista. La película entiende que la estética del poder criminal debe ser seductora para que su ruina resulte verdaderamente devastadora. También es notable el modo en que el film trabaja las relaciones afectivas como zonas de quiebre. Manny introduce la posibilidad de una lealtad real; Gina encarna una obsesión posesiva y destructiva; Elvira funciona como espejo del vacío. Ningún vínculo logra escapar del impulso de Tony por dominar, vigilar y apropiarse. Ahí la película deja de ser solo una historia de gánsteres y pasa a ser el retrato de un hombre incapacitado para convivir con cualquier forma de límite. Con los años, su condición de clásico se ha consolidado no solo por sus escenas icónicas, sino por la coherencia con la que lleva hasta el final su programa estético y moral. El precio del poder no busca la sutileza, y ahí reside parte de su verdad. Es una película sobre la hipertrofia del yo, sobre el capitalismo criminal convertido en espectáculo y sobre la imposibilidad de detenerse cuando todo alrededor premia el apetito. Pocas veces el cine ha convertido el exceso en una forma tan lúcida de tragedia. Cuando llega el derrumbe, no parece un giro del destino, sino la conclusión inevitable de una vida edificada contra el mundo.
Fuente: Redacción
Libro en el que se basa
- Scarface · Armitage Trail · Basada en
Premios y nominaciones
- Globos de Oro (1984) · Mejor actor de reparto · Nominado · Steven Bauer nominado.
- Globos de Oro (1984) · Mejor actor en película dramática · Nominado · Al Pacino nominado por Tony Montana.
- Globos de Oro (1984) · Mejor banda sonora original · Nominado · Giorgio Moroder nominado.
- Premios Razzie (1984) · Peor director · Nominado · Brian De Palma nominado.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la sinopsis de El precio del poder?
Un emigrado cubano asciende brutalmente en el narcotráfico de Miami hasta convertir su ambición en una sentencia.
¿Quién es el director?
Brian De Palma
¿Cuál es el reparto principal?
Al Pacino, Michelle Pfeiffer, Steven Bauer, Robert Loggia
¿Cuánto dura El precio del poder?
170 minutos.
