1. Blade Runner (1982)
Blade Runner es una de las cumbres absolutas de Harrison Ford porque le permitió apartarse del héroe aventurero y trabajar un personaje más opaco, cansado y ambiguo. Su Rick Deckard sostiene el tono melancólico de la película sin sobreactuar, y esa contención fue decisiva para que el filme ganara densidad con los años. Es una interpretación central en su legado porque demuestra cuánto podía sugerir incluso desde el silencio.