Sinopsis
Sherman McCoy vive convencido de pertenecer a una élite intocable. Su trabajo en Wall Street, su apartamento de lujo y la seguridad con la que se mueve por Manhattan alimentan la imagen de un hombre que cree dominar las reglas del juego social. Todo cambia durante una noche confusa en la que, acompañado por su amante Maria Ruskin, se pierde en el Bronx y se ve envuelto en un atropello que desencadena una crisis imposible de contener.
A partir de ese momento, la historia se convierte en una radiografía feroz de una ciudad donde la verdad importa menos que el relato útil para cada grupo de poder. Periodistas en busca de un escándalo rentable, políticos deseosos de capitalizar el conflicto racial, abogados ambiciosos y figuras públicas oportunistas convierten el caso en un espectáculo que devora a todos sus implicados. La caída de Sherman no procede solo del accidente, sino del modo en que la maquinaria mediática y judicial transforma cualquier matiz en un arma arrojadiza.
Entre la sátira y el drama, la película sigue el desmoronamiento de una fachada social basada en privilegios, apariencias y dinero. La hoguera de las vanidades dibuja un Nueva York agresivo, teatral y despiadado, en el que cada personaje revela sus miserias mientras intenta salvarse a costa de los demás. Lo que empieza como un error nocturno termina destapando un ecosistema entero de vanidad, cinismo y ambición.
Fuente: Redacción
Ficha técnica
Compositor
- Dave Grusin
Director
- Brian De Palma
Director de fotografía
- Vilmos Zsigmond
Guionista
- Michael Cristofer · Adaptación de la novela de Tom Wolfe
Montador
- Bill Pankow
- David Ray
Productor
- Tony Adams
Reparto
- Tom Hanks como Sherman McCoy
- Bruce Willis como Peter Fallow
- Melanie Griffith como Maria Ruskin
- Morgan Freeman como Judge Leonard White
- Kim Cattrall como Judy McCoy
- Saul Rubinek como Jed Kramer
- Alan King como Arthur Ruskin
- F. Murray Abraham como Abraham Weiss
Crítica
Una sátira desmesurada, torpe y fascinante a partes iguales
La hoguera de las vanidades es una de esas películas cuya mala fama ha terminado siendo casi tan célebre como la obra misma. Brian De Palma acomete la adaptación de una novela monumental con la ambición de capturar el espíritu venenoso de la Nueva York de los ochenta, y el resultado es un artefacto desigual, excesivo y por momentos desconcertante. Pero también es una película mucho más interesante de lo que su reputación permite suponer, sobre todo cuando se la observa como un gran fresco satírico al borde del colapso.
La película funciona mejor cuando abraza su condición de caricatura social. Sherman McCoy no es solo un protagonista en caída, sino la encarnación de una clase dirigente tan segura de su impunidad que ni siquiera imagina la posibilidad de verse atrapada por el mismo sistema que alimenta. Tom Hanks, en un registro poco habitual para él, compone a un personaje deliberadamente antipático, blando en su cobardía y ridículo en su autopercepción. Ese cambio de imagen, tan discutido en su día, tiene hoy un interés añadido: convierte al supuesto héroe en un síntoma de un ecosistema moral podrido.
El mayor problema está en la dificultad para equilibrar tonos. De Palma quiere mezclar sátira feroz, drama judicial, retrato urbano y comedia negra, pero no siempre consigue que esas piezas respiren al mismo ritmo. Algunas secuencias parecen pedir un veneno aún más afilado, mientras otras se sienten atrapadas por una puesta en escena demasiado aparatosa para la sutileza que requerirían. Aun así, esa desproporción también tiene algo revelador: la película parece contagiarse del mismo mundo histérico que retrata.
El reparto ofrece resultados dispares pero memorables. Bruce Willis entiende el tono y se mueve con soltura en la ironía autodestructiva del periodista Peter Fallow. Melanie Griffith aporta una energía nerviosa que encaja con la superficialidad temeraria de Maria Ruskin. Morgan Freeman, con menos espacio, introduce una presencia de mayor aplomo. En conjunto, los personajes no buscan tanto la profundidad psicológica como la representación de fuerzas sociales, y eso explica por qué la película a veces parece más una fábula cruel que un drama tradicional.
Vista hoy, La hoguera de las vanidades conserva interés por su manera de anticipar la alianza entre espectáculo mediático, oportunismo político y juicio público. No es una adaptación redonda ni una de las cimas de De Palma, pero sí una pieza audaz en su fracaso, capaz de dejar imágenes, ideas y tensiones que siguen resonando. Cuando se acepta su naturaleza descompensada, emerge una obra imperfecta pero incisiva, una sátira grande, ruidosa y venenosa sobre una sociedad entregada al culto de la apariencia.
Fuente: Redacción
Libro en el que se basa
- The Bonfire of the Vanities · Tom Wolfe · Adaptación de · Ver libro
Premios y nominaciones
- Razzie Awards (1991) · Worst Actress · Nominado · Melanie Griffith
- Razzie Awards (1991) · Worst Director · Nominado · Brian De Palma
- Razzie Awards (1991) · Worst Picture · Nominado
- Razzie Awards (1991) · Worst Screenplay · Nominado · Michael Cristofer
- Razzie Awards (1991) · Worst Supporting Actress · Nominado · Kim Cattrall
- Stinkers Bad Movie Awards (1990) · Worst Picture · Ganador
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la sinopsis de La hoguera de las vanidades?
Un poderoso corredor de bolsa ve cómo su vida perfecta se derrumba cuando un accidente en el Bronx lo convierte en objetivo de periodistas, políticos y oportunistas.
¿Quién es el director?
Brian De Palma
¿Cuál es el reparto principal?
Tom Hanks, Bruce Willis, Melanie Griffith, Morgan Freeman
¿Cuánto dura La hoguera de las vanidades?
126 minutos.
