2015
Sinopsis
Cuando una cadena de atentados hace que Washington endurezca su respuesta frente al tráfico de personas en la frontera, el veterano Matt Graver recibe carta blanca para golpear a los cárteles desde la sombra. Su plan consiste en provocar una guerra interna entre organizaciones rivales, y para ello recurre de nuevo a Alejandro Gillick, un ejecutor marcado por la pérdida y por una forma de justicia que nunca ha sido limpia.
La operación parece calculada al milímetro: secuestrar a la hija de un capo, manipular las apariencias y convertir el caos en estrategia. Pero el plan empieza a quebrarse cuando la realidad del terreno desborda el diseño político. La violencia deja de ser una herramienta fría y vuelve a tener rostro humano, especialmente cuando la joven Isabel Reyes queda atrapada entre intereses que la superan.
La película se mueve entre emboscadas, decisiones de despacho y silencios tensos para retratar un conflicto donde nadie conserva intacta la autoridad moral. Más que una simple continuación, propone una mirada seca y sombría sobre el coste de convertir la seguridad en una lógica de excepción permanente.
Fuente: Redacción
Ficha técnica
Compositor
- Hildur Guðnadóttir
Director
- Stefano Sollima
Director de fotografía
- Dariusz Wolski
Guionista
- Taylor Sheridan
Montador
- Matthew Newman
Productor
- Basil Iwanyk
- Edward L. McDonnell
- Molly Smith
- Thad Luckinbill
- Trent Luckinbill
Reparto
- Benicio del Toro como Alejandro Gillick
- Josh Brolin como Matt Graver
- Isabela Merced como Isabel Reyes
- Catherine Keener como Cynthia Foards
- Jeffrey Donovan como Steve Forsing
- Manuel Garcia-Rulfo como Gallo
Crítica
Una secuela más seca, más política y deliberadamente incómoda
Sicario: El día del soldado renuncia a parte del misterio hipnótico de la primera entrega para abrazar una forma distinta de dureza. Ya no se apoya tanto en la atmósfera de descenso al infierno como en la idea de que el infierno se ha normalizado en los despachos, en los protocolos y en la jerga estratégica de quienes hablan de carteles, fronteras y daños colaterales como si todo cupiera en una operación limpia. Stefano Sollima no imita a Denis Villeneuve, y esa decisión es probablemente la más sensata de la película. Su puesta en escena es más frontal, menos abstracta y más nerviosa, pero mantiene la sequedad moral que hace funcionar este universo. La cámara avanza entre convoyes, retenes y tiroteos con una fisicidad muy concreta, y convierte el paisaje fronterizo en un territorio donde la autoridad legal y la criminal se confunden hasta volverse casi indistinguibles. El gran ancla dramática sigue siendo Benicio del Toro. Alejandro Gillick continúa siendo una presencia opaca, casi fantasmal, pero aquí gana una dimensión inesperada cuando la misión deja de responder solo a la lógica del castigo. Del Toro administra silencios, miradas y estallidos con una precisión admirable. Josh Brolin, por su parte, sostiene con eficacia la parte más pragmática del relato: su Matt Graver es un profesional que entiende el lenguaje del poder, aunque la película lo empuja a reconocer que incluso los cínicos encuentran un límite. Uno de los aciertos del filme está en no suavizar el conflicto. La inmigración, la militarización y el uso de operaciones encubiertas aparecen como piezas de una maquinaria que justifica casi cualquier exceso. Taylor Sheridan escribe una historia que, aun inclinándose por el thriller de tensión y emboscadas, conserva una veta de comentario político incómodo. No siempre lo hace con la sutileza ideal, pero sí con una contundencia que evita el escapismo complaciente. También hay zonas menos logradas. La película pierde algo de densidad en su tramo medio y simplifica ciertas conexiones geopolíticas para mantener la aceleración narrativa. Algunos personajes secundarios funcionan más como engranajes que como individuos, y la sensación de misterio moral de la original se sustituye por un esquema algo más explícito. Aun así, esa simplificación no arruina el conjunto, porque el relato sabe mantener la presión y porque el vínculo inesperado entre Alejandro e Isabel introduce una fibra emocional que humaniza el dispositivo sin domesticarlo. Hildur Guðnadóttir aporta una música austera y amenazante que acompaña muy bien esa sensación de fatalidad. No subraya, sino que erosiona. Todo en la película parece diseñado para que el espectador entienda que la frontera no es solo un lugar, sino una excusa narrativa para hablar de impunidad, miedo y poder. No alcanza la altura de la primera Sicario, pero tampoco vive de su recuerdo. Es una secuela robusta, incómoda y áspera, con buenas interpretaciones y una mirada bastante pesimista sobre la política contemporánea. Su mejor virtud es que no pretende tranquilizar a nadie.
Fuente: Redacción
Preguntas frecuentes
¿De qué trata Sicario: El día del soldado?
La película sigue una operación encubierta impulsada por el gobierno estadounidense para enfrentar a los cárteles mexicanos provocando un conflicto interno entre ellos. Lo que empieza como una maniobra estratégica termina derivando en una crisis moral y humanitaria.
¿Es una secuela directa de Sicario?
Sí. Retoma a personajes clave de la película de 2015, sobre todo Alejandro Gillick y Matt Graver, aunque cambia de director y adopta un tono más frontal y bélico.
¿Quiénes son los protagonistas principales?
Los papeles centrales recaen en Benicio del Toro como Alejandro Gillick, Josh Brolin como Matt Graver e Isabela Merced como Isabel Reyes. Su relación articula la dimensión política y emocional del relato.
¿Por qué se considera una película polémica?
Porque aborda la frontera entre Estados Unidos y México desde una lógica militarizada y de guerra encubierta. Ese enfoque generó debate por su dureza y por la representación de la violencia ligada a inmigración y narcotráfico.
¿Quién compuso la música de Sicario: El día del soldado?
La partitura es de Hildur Guðnadóttir, que aporta un sonido sombrío y tenso muy importante para la atmósfera opresiva de la película.
