1. El padrino (1972)
Aunque no sea el personaje central, su Tom Hagen es una de las grandes creaciones del cine estadounidense. Duvall construye una figura de lealtad, inteligencia y contención que resulta esencial para el equilibrio interno de la película. Su trabajo no busca imponerse, sino sostener con una serenidad extraordinaria buena parte del mundo moral del relato. Es una interpretación fundamental porque fijó desde muy pronto la elegancia sobria que definiría toda su carrera.