2016
Sinopsis
Jim Bennett es profesor de literatura, heredero de una familia acomodada y jugador compulsivo. La combinación parece contradictoria, pero la película la convierte en el núcleo de su tragedia: Bennett actúa como si el conocimiento, el privilegio y la inteligencia le permitieran desafiar cualquier límite. Sus noches en casinos clandestinos y casas de apuestas lo llevan a deber grandes sumas a distintos prestamistas, cada uno con su propio código de violencia y paciencia.
La deuda no solo es económica. Bennett vive en guerra con su propia identidad: desprecia la comodidad de la que procede, provoca a quienes podrían ayudarle y convierte cada relación en una forma de autoexigencia cruel. Su vínculo con una alumna, su relación con su madre y sus enfrentamientos con figuras del bajo mundo dibujan un recorrido en el que el riesgo parece menos una adicción al dinero que una necesidad de poner a prueba su destrucción personal.
La película avanza como un estudio de personaje marcado por el cinismo y la pulsión de caída. Más que exaltar el juego, lo presenta como un lenguaje de humillación, desafío y castigo. En ese descenso, Bennett se mueve entre la lucidez intelectual y el comportamiento suicida, como si solo pudiera sentirse vivo cuando todo está a punto de derrumbarse. El resultado es un thriller dramático que observa la adicción desde la arrogancia y el vacío moral de alguien incapaz de aceptar una vida ordinaria.
Fuente: Redacción
Ficha técnica
Compositor
- Theo Green
- Jon Brion
Director
- Rupert Wyatt
Director de fotografía
- Greig Fraser
Guionista
- William Monahan
Montador
- Pete Beaudreau
Productor
- Irwin Winkler
- Robert Chartoff
- Mark Wahlberg
- Stephen Levinson
- David Winkler
Reparto
- Mark Wahlberg como Jim Bennett
- John Goodman como Frank
- Brie Larson como Amy Phillips
- Michael K. Williams como Neville Baraka
- Jessica Lange como Roberta
- George Kennedy como Ed
Crítica
Un retrato frío de la autodestrucción con Mark Wahlberg a contracorriente
El jugador no intenta vender la adicción al juego como una forma de glamour ni como una simple patología melodramática. Su apuesta consiste en retratar a un hombre que convierte el riesgo en una filosofía deformada de existencia. Jim Bennett no juega solo por dinero, ni siquiera solo por emoción: juega porque parece necesitar la cercanía del abismo para sentirse más lúcido, más castigado y, en cierto sentido, más auténtico. Esa idea convierte la película en algo más áspero y menos complaciente de lo que su superficie de thriller criminal podría sugerir.
Rupert Wyatt dirige con contención, evitando el histrionismo fácil y privilegiando una sensación constante de amenaza seca. No hay épica del casino ni coreografías destinadas a seducir al espectador con la adrenalina de la apuesta. Lo que domina es el deterioro moral de un personaje que utiliza su inteligencia como coartada para la autodestrucción. Esa frialdad formal juega a favor del film cuando se concentra en la deriva psicológica, aunque a ratos también lo vuelve más distante de lo necesario.
Mark Wahlberg se enfrenta a un papel incómodo y poco natural para su imagen más reconocible. Su Jim Bennett no busca simpatía. Es arrogante, hiriente, inteligente y en muchos momentos sencillamente desagradable. Precisamente por eso su trabajo resulta interesante. No compone un jugador carismático al uso, sino un hombre que parece disfrutar del castigo que se inflige y del daño que irradia alrededor. La película gana cuando confía en ese desequilibrio y no cuando intenta reconducirlo hacia formas más previsibles de redención.
El reparto secundario aporta densidad. John Goodman construye un prestamista memorable sin necesidad de sobreactuar; su presencia impone un equilibrio entre amenaza y cálculo. Jessica Lange introduce una dimensión familiar valiosa, mientras Brie Larson funciona como contrapunto de normalidad posible, aunque el guion no siempre desarrolla su personaje con la misma complejidad que concede al protagonista. Michael K. Williams suma, además, una energía inquieta y callejera que ayuda a diversificar el ecosistema criminal del relato.
El punto débil está en la escritura de William Monahan cuando intenta convertir el itinerario de Bennett en una parábola demasiado ordenada. El personaje es más interesante como enigma tóxico que como ejemplo narrativamente resuelto. Algunas transiciones hacia el desenlace parecen querer cerrar de forma demasiado limpia lo que hasta entonces había destacado precisamente por su opacidad moral. También hay momentos en los que el discurso filosófico del protagonista roza una afectación que la película no siempre consigue sostener con igual profundidad dramática.
Aun así, El jugador posee una personalidad reconocible. No es un remake especialmente complaciente ni una historia diseñada para tranquilizar al espectador. Prefiere la incomodidad de seguir a alguien brillante pero devastado, alguien que confunde libertad con ruina y rigor con castigo. En esa aspereza encuentra su mejor virtud: la de un drama criminal que observa el vacío del privilegio y la fascinación por perder como síntomas de una enfermedad más moral que económica.
Fuente: Redacción
Libro en el que se basa
- The Gambler · Fyodor Dostoevsky · Inspirada en · Ver libro
Preguntas frecuentes
¿El jugador de 2014 es un remake?
Sí. Es una nueva versión de la película The Gambler de 1974.
¿Está basada en una novela El jugador?
De forma indirecta, sí. La cadena de origen remite a la novela The Gambler de Fiódor Dostoievski, también base de la película de 1974.
¿Quién interpreta al protagonista en El jugador?
Mark Wahlberg interpreta a Jim Bennett, profesor universitario y jugador compulsivo atrapado por sus deudas.
¿Cuál es uno de los grandes atractivos del reparto?
La presencia de John Goodman, Jessica Lange, Brie Larson y Michael K. Williams, que rodean al protagonista con figuras de fuerte contraste dramático.
