1. Taxi Driver (1976)
Taxi Driver ocupa un lugar central en la carrera de Harvey Keitel porque forma parte del núcleo duro del cine que definió una época y porque su presencia aporta una tensión muy concreta, turbia y profundamente urbana. Aunque no sea el personaje más expansivo de la película, sí deja claro algo esencial sobre su talento: esa capacidad para sugerir peligro, desgaste y violencia moral con muy pocos gestos. Es una pieza fundacional dentro de su filmografía.