1. Alta fidelidad (2000)
Alta fidelidad ocupa un lugar central en la carrera de John Cusack porque parece construida exactamente a la medida de todo lo que lo convirtió en una figura tan reconocible: ironía, inseguridad emocional, inteligencia verbal y una forma muy precisa de convertir la neurosis en carisma. La película no solo consolidó una de sus interpretaciones más queridas, sino que terminó de fijar una identidad artística muy propia dentro del cine estadounidense contemporáneo.