1. Taxi Driver (1976)
Taxi Driver ocupa un lugar central en la carrera de Martin Scorsese porque condensó con una potencia extraordinaria varias de sus grandes obsesiones: la soledad urbana, la violencia incubada, la culpa y la mente al borde del colapso. Más que un simple clásico de los setenta, es la película que fijó su mirada sobre Nueva York y sobre ciertos rincones oscuros de la experiencia americana. Dentro de su filmografía sigue siendo una obra fundacional y decisiva.