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Rubén Blades

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Buscando America Buscando America Comprarlo/Buy It
1.Decisionesv 2.G.D.B.D.
3.Desapariciones 4.Todos Vuelven
5.Caminos Verdes 6.Padre Antonio Y El Monaguillo
7.Buscando America

Decisiones
La ex-señorita no ha decidido qué hacer. En su clase
de Geografía, la maestra habla de Turquía mientras que
la susodicha, sólo piensa en su desdicha y en su dilema;
Ay, qué problema! En casa, el novio ensaya qué va a decir,
seguro que va a morir cuando los padres se enteren.
Y aunque él, otra solución prefiere, no llega a esa decisión
porque esperar es mejor, a ver si La Regla viene.

Decisiones, cada día. Alguien pierde, alguien gana
¡Ave María!
Decisiones, todo cuesta. Salgan y hagan sus apuestas,
¡Ciudadanía!

El señor de la casa de alquiler, a pesar de que ya tiene mujer
ha decidido tener una aventura; Y le ha propuesto a una vecina que
es casada, de la manera más vulgar (el descarado) que, cuando
su marido, al trabajo se haya ido lo llame, para él ser su enamorado.

La señora, que no es boba, se lo cuenta a su marido y él decide,
cómo no, invitar al atrevido y ella lo cita, cual lo acordado: y el tipo
sale todo perfumado, con ropa limpia que su esposa le ha planchado,
y trae una flor que se encontró en el tendedero: dentro en casa
de la vecina está el marido, indeciso sobre dónde dar primero,
con su bate de beisbol del extranjero. Y suena el timbre, rin-rin/,
comienza la segunda del noveno/

Decisiones...

El borracho está convencido, que a él el alcohol no le afecta
los sentidos: por el contrario, que sus reflejos son mucho
más claros y con mejor control. Por eso hunde el pie en el
acelerador, y sube el volumen de la radio para sentirse mejor.
Cuando ve la luz cambiando a la amarilla, las ruedas de su auto
chillan y el tipo se cree un James Bond; decide la luz comerse
y no ve el camión aparecerse en la oscuridad.
Grito, choque y la pregunta a la eternidad, (qué pasho?)

Decisiones...


G.D.B.D.
Despiertas. No has podido dormir muy bien. Te levantas.
Caminas y pisas uno de los charcos de orine que el nuevo
perro ha dejado por toda la casa. Maldiciendo, entras al baño
brincando en una sola pierna, enciendes la luz y restriegas
el pie sobre la cubierta que tu esposa le puso al excusado.
Vas hasta la bañadera blanca, abres los dos grifos del agua
y controlas la temperatura. Levántas la cosa esa que no sabes
cómo se llama y que hace que el agua salga por la regadera.
Te bañas. No cantas. Sales de la tina. Te secas con una toalla
que dice "Disneylandia". Te subes a una balanza que da siempre
pesos diferentes, pero aproximados. Cuando te estás afeitando,
suena el despertador. Tu mujer abre los ojos. Mira la hora.
Lo apaga. Se levanta, de su lado de la cama. Cada uno tiene
su lado de la cama. Cada uno tiene su lado en todo. Tú la sientes
saliendo del cuarto, rumbo a la cocina. El vecino de arriba prendió
el tocadisco. Terminás de afeitarte. Te limpias las cortaditas
con papel higiénico que se te queda pegado a la piel. Te pones
el desodorante, "24 horas de protección constante." Un poco
de colonia para después de afeitarte. Te arde la cara. Sales
del baño. Pisas otra vez el orine del perro. Le mientas la madre,
en voz alta. Tu esposa, desde la cocina, te pregunta qué te pasa.
Tú le explicas a gritos por qué no quieres otro perro en la casa.
Mientras te secas el pie con la toalla mojada que dice "Disneylandia",
ella se aparece y silenciosamente seca el charco de orine. Vas
al closet y sacas la ropa que te vas a poner. Miras el reloj. Hueles
el café. Te vistes. No encuentras la correa. Te haces la corbata
dos veces porque la primera vez la parte de atrás te quedó más larga
que la parte de adelante. Vas a la cocina. Tu esposa ya preparó
tu desayuno. Le hablas otra vez del perro. Ella, sin contestarte,
te recuerda que hay que pagar la cuenta de la luz y la matrícula
de la escuela de los chiquillos. Cuelgas tu jacket del borde de la silla
y te sientas en la mesa de la cocina. Tu esposa enciende la radio.
Están transmitiendo las noticias. Mientras escuchas, mojas el pan
en el café, como te enseñó tu papá cuando eras niño. Suena
el teléfono. Tu esposa lo contesta. Es para tí. De la oficina. Hoy van
a arrestar al tipo. Va un carro a recogerte. Que lo esperes abajo.
Cuelgas el teléfono. Vas a tu cuarto. Abres la segunda gaveta
del armario. Tu gaveta. Sacas tu libreta y los lentes negros. Vas
a la cama. Levantas el colchón y sacas tu revólver. Vas a la cocina,
tomas tu jacket y lo pones todo en el bolsillo de adentro. Tu esposa
te observa. Le das un beso al espacio, al lado de la mejilla, que ella
no devuelve, o sí? Abres la puerta y bajas por la escalera de madera,
saltando los escalones de dos en dos. Llegas a la calle. Ves
al camión recogiendo la basura. Aún está oscuro, pero huele a mañana,
varón.


Desapariciones
Que alguien me diga si ha visto a mi esposo-, preguntaba la doña; se
llama Ernesto X; tiene 40 años, trabaja de celador en un negocio de
carros. Llevaba camisa oscura y pantalón claro. Salió anteanoche y no
ha regresado; no sé qué pensar. Esto antes nunca me había pasado.

Llevo tres días buscando a mi hermana, se llama Altagracia, igual
que la abuela. Salió del trabajo pa' la escuela. Tenía puestos unos
jeans y una camisa blanca. No ha sido el novio. El tipo está en su
casa. No saben de ella en la PSN, ni en el Hospital.

Que alguien me diga si ha visto a mi hijo. Es estudiante de
Pre Medicina. Se llama Agustín. Es un buen muchacho. A veces es
terco cuando opina. Lo han detenido. No sé qué fuerza. Pantalón
blanco, camisa a rayas. Pasó anteayer.

Clara Quiñones se llama mi madre. Es un alma de Dios, no se mete
con nadie. Y se la han llevado de testigo, por un asunto que es no más
conmigo. Y fuí a entregarme, hoy por la tarde y ahora no saben quién
se la llevó del cuartel.

Anoche escuché varias explosiones. Tiros de escopeta y de revólveres.
Carros acelerados, frenos, gritos. Eco de botas en la calle. Toques de
puerta. Quejas. Por Dioses. Platos rotos. Estaban dando la telenovela.
Por eso nadie miró pa' fuera.

¿Adónde van los desaparecidos?
Busca en el agua y en los matorrales.
¿Y por qué es que se desaparecen?
Porque no todos somos iguales.
¿Y cuándo vuelve el desaparecido?
Cada vez que los trae el pensamiento.
¿Cómo se le habla al desaparecido?
Con la emoción apretando por dentro.


Todos Vuelven
Todos vuelven a la tierra en que nacieron; al embrujo
incomparable de su sol. Todos vuelven al rincón de
donde salieron: donde acaso floreció más de un amor.

Bajo el árbol solitario del pasado, cuántas veces nos
ponemos a soñar / todos vuelven, por la ruta del
recuerdo, pero el tiempo del amor no vuelve más.

El aire, que trae en sus manos la flor del pasado,
y su aroma de ayer, nos dice muy quedo al oído
su canto aprendido del atardecer; nos dice, con voz
misteriosa de cardo y de rosa, de luna y de miel,
que es santo el amor de la tierra, que es triste la
ausencia que deja el ayer.

Todos vuelven.



Padre Antonio Y El Monaguillo
El Padre Antonio Xejeira vino de España, buscando nuevas
promesas en ésta tierra. Llegó a la selva sin la esperanza de ser
Obispo, y entre el calor y entre los mosquitos habló de Cristo.
El padre no funcionaba en el Vaticano, ente papeles y sueños
de aire acondicionado; y fue a un pueblito, en medio e' la nada
a dar su sermón, cada semana, pa' los que busquen la salvación.

El niño Andrés Eloy Pérez tiene 10 años. Estudia en la elementaria
"Simón Bolívar". Todavía no sabe decir el Credo correctamente;
le gusta el río, jugar al fútbol y estar ausente. Le han dado el puesto
en la Iglesia de monaguillo a ver si la conexión compone al chiquillo;
y su familia está muy orgullosa, porque a su vez piensan que
con Dios conectando a uno, conecta a diez. Suena la campana,
un, dos, tres, del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.

El Padre condena la violencia. Sabe por experiencia que no es
la solución. Les habla de amor y de justicia, de Dios va la noticia
vibrando en su sermón; pero suenan las campanas, un, dos, tres,
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.

Al Padre lo halló la guerra un Domingo de misa, dando la Comunión
en manga de camisa. En medio de un Padre Nuestro entró el Matador
y sin confesar su culpa le disparó. Antonio cayo, ostia en mano
y sin saber por qué Andrés se murío a su lado sin conocer a Pelé;
y entre el grito y la sorpresa, agonizando otra vez estaba el Cristo
de palo pegado a la pared. Y nunca se supo el criminal quién fue
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés. Doblan las campanas,
un, dos, tres, del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.

Suenan las campanas.


Buscando America
Estoy buscando a América y temo no encontrarla.
Sus huellas se han perdido entre la oscuridad.
Estoy llamando a América pero no me responde.
La han desaparecido los que temen la verdad.

Envueltos entre sombras, negamos lo que es cierto:
mientras no haya justicia, jamás tendremos paz.
Viviendo dictaduras, te busco y no te encuentro.
Tu torturado cuerpo no saben dónde está.

Te han secuestrado América, y amordazado tu boca,
y a nosotros nos toca ponerte en libertad.
Te estoy llamando, América. Nuestro futuro espera.
Antes que se nos muera, ayúdenme a buscar.

Te estoy buscando América, te estoy llamando América.







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