1. Chicago (2002)
Chicago ocupa un lugar absolutamente central en la carrera de Catherine Zeta-Jones porque convirtió su elegancia, su seguridad escénica y su magnetismo en el corazón mismo de un gran musical de estudio. La película le permitió unir presencia física, ritmo, ironía y autoridad en una interpretación completísima. Dentro de su filmografía es el título que mejor resume su poder de estrella y el que confirmó, con una claridad incontestable, que podía brillar al máximo nivel.